A Ari la fotografié por primera vez el día de los inocentes del año 2017. Se vino a mi Oviedo el 27 de diciembre y se volvió a su Barcelona el 29. Ari sabe mucho de dolor y en ese día y dos medio días que compartimos me mostró algunas de sus cicatrices, las que se ven y las que no.
La segunda vez tuvo que esperar un novio de por medio. Finiquitado el novio, ocurrió en agosto de este año. Conozco a pocas mujeres tan capaces de transformar el dolor en algo hermoso, creativo e inspirador. Y yo espero seguir dándole diferentes puntos de vista a su belleza por muchos años más.